domingo, 6 de noviembre de 2011

La realidad de la vida

Conforme vamos creciendo nuestra vida se va volviendo muy distinta a como la veíamos de pequeños. Todo pasa a ser mucho más complejo.
Cuando era una niña creía que los reyes magos venían cada madrugada del seis de enero y que me espiaban por todos los minúsculos boquetitos de mi casa, así que me intentaba portar bien. Dedicaba tiempo a dejarles los zapatos para que me dieran caramelos y sus correspondientes vasos de leche y polvorones para que se contentaran con su visita a mi casa. Creía en la magia y en las hadas, y en que si quería algo sólo tenía que acudir a papá o a mamá. Yo, tan inocente, era la reina y dueña de mi casa, y mis padres me protegían como su objeto más preciado. Si estudiabas mucho podías llegar a ser cualquier cosa de mayor, y llegar a tener mucho dinero trabajando en lo que quieres, una casa enorme con piscina y jardín, buenos amigos y familia y magníficos viajes. Creía que los bebés los traía la cigüeña, y no era capaz de imaginar lo que escuchaba de los mayores: el sexo. Sabía que tenía que tenerle miedo al alcohol porque era peligroso, pero ni sabía el motivo. Me encantaba que mi familia me preguntara cosas sobre mí, y que vinieran a casa o que nos reuniéramos todos en fiestas familiares, como la Navidad. Nos pasábamos la semana de antes de Reyes comprando regalos a todos mis primos, y el seis de enero tenía una montaña de regalos por parte de mis tíos, abuelos y primos. La una de la madrugada era una hora inaccesible; no entendía como la gente podía acostarse tan tarde. Aprender a sumar o restar, o el verbo to be en ingles era el mayor reto del mundo, y escuchaba hablar de lugares como Inglaterra que me parecían tan lejanos que me daba miedo descubrirlos. Inventaba una vida perfecta con mis muñecas, con los que jugaba constantemente, y si te cansabas de ella cambiarla era exageradamente fácil; podía ser lo que quisiera. Si tenía alguna pelea con alguien era tan fácil arreglarlo: acudía a mi mami y ella lo solucionaba; estaba tan protegida que era intocable. De todas formas, ni siquiera había peleas; y si sucedían, al siguiente día eran historia. Al ver películas como las de Disney, estaba totalmente convencida de que yo viviría algo así cuando fuese más mayor, y que los príncipes azules existían, los cuales pelearían por conquistarme. Claro que existían. Tener cientos de bebés era lo más facil del mundo y no suponía ningún trabajo, no era cansino. Si no me apetecía hacer algo no lo hacía porque no pasaba absolutamente nada, y si tenía miedo por la noche simplemente bastaba con ir a la cama de mis papis. Si me gustaba algún compañero de clase, decían "que mona es la niña", y sin saber siquiera que significaba, ya éramos novios, y si no lo conseguía, al día siguiente ya me gustaba otro. Todo me lo daban hecho, y vivía en una especie de burbujita custodiada por mis seres queridos, a la cual no podía acceder ni el dolor ni nada que yo no deseara. Le tenía miedo a los mostruos y brujas, pero yo era intocable porque mis papis me aseguraban que yo, con lo buena que era, no podría ser lastimada jamás. Lo mejor que me podía pasar era quedarme en casa con mis papis viendo una peli y comiendo chuches. Era genial. ¿Cómo podían salir los mayores a la calle de noche? Qué miedo. Y, claro, las personas no morían, se iban por un tiempo, pero las volveríamos a ver pronto, porque estaban en el cielo, junto a todas las personas buenas, y yo algún día muy lejano, me juntaría con ellas, pero quedaba tanto tanto tiempo que no tenía ni que pensar en ello. Maldita inocencia.

Y ahora, tras sólo diez años después, me siento engañada. Todo ha cambiado. ¿Me puede explicar alguien que ha pasado? Ni los reyes magos ni Papá Noel existen; resultan que son mis padres los que se gastan el dinero en los regalos y los que los colocan por la noche mientras yo duermo, sin contar con el hecho de que sean ellos los que me ponen los caramelos en los zapatos y se beben los vasos que les dejo. Ahora, discutó con ellos porque debido a nuestra situación no me van a poder comprar lo que yo les pido. Ya no hay magia, ni ilusión; solo dinero y "regalos". La magia no existe, y sé capaz de decir que los cuentos de hadas sí, que se reirán de ti. Hay un mundo ahí fuera, del cual tendrás que protegerte. Si te lo mereces conseguirás a quienes te amarán, pero también otros estarán deseando hacerte daño, por lo que cuídate; y sí, te tienes que cuidar tú, porque tus papis ya no están para hacerlo; no van a enfrentarse a tus amigos por ti, ni van a decir lo que tú piensas, no. Tienes que aprender a hacerlo tú solo, de repente. Y no, ya no es que no seas la reina de casa, ya es que ni siquiera cuentas, ya que no te consideran lo suficientemente madura como para poder opinar sobre un tema "adulto". Tu casa ya no es el castillo custodiado de antes; incluso el peligro, lo puedes encontrar dentro de ella. ¿He dicho que antes la una era exageradamente tarde? Pues ahora es exageradamente temprano; empezamos a estudiar, a ver la tv o una peli o a salir a la calle a esa hora. Todos tus juguetes están guardados en cualquier lugar llenos de polvo, olvidados. Ahora, por mucho que estudies y tengas buenas calificaciones, si no hay dinero, te vas a quedar fuera de la carrera que tanto amas; y no trabajas en lo que te gusta ni mucho menos, sino en un trabajo de mierda en el cual te explotan. ¿Y el sexo? Eso que antes lo veíamos tan loco ahora es lo más normal del mundo, todo el mundo lo hace, con todos, y en todas partes. Es normal que tus amigos lo hagan, ver a gente haciéndolo en callejones o por la televisión, incluso tú mismo estarás harto de hacerlo. Y no, no es malo; pero ahora comprendes el motivo por el cual algunos bebés no son deseados, y ves como padres abandonan a sus hijos o como están hartos de ellos. Habrá gente que te querrá, pero otros te odiarán, protégete. Y llegará el día en el que te das cuenta de que sientes, y que estás enamorada, y también el día que estarás totalmente segura de que darías cualquier cosa por la persona que amas; y el primer desengaño amoroso, siempre doloroso, te hará sufrir tanto que quedarás curada de espanto. No existen esos príncipes de las pelis; conocerás a personas maravillosas, pero no perfectas, ya que todos tenemos cosas buenas y cosas malas, así que no podrán complacerte infinitamente, y entonces, te darás cuenta de lo bien que una se siente al comprender que lo mejor es aceptar a los otros como son, sin intentar cambiarlos, y amarlos así, pues así es como se ama de verdad. Y llegarán las primeras traiciones, lo que conllevará a sufrir. Borrarás de tu cabeza la idea de la casa grande con piscina y jardín, ya que tu objetivo será llegar a fin de mes, y tener un pisito pequeño compartido. Y en mi caso, no sé en el de otros, por un motivo no suficientemente claro la familia se rompe, ya no existen esos regalos preparados con una semana de antelación y no hay ni amor ni nada. Inglatera está tan relativamente cerca de aquí que podemos llegar cuando queramos, y el alcohol es tan normal como el sexo, por lo que la gente está más que acostumbrada a tomarlo. Y no existen las brujas, ni los monstruos, pero sí las personas, que pueden llegar a dañarte tanto que te dejen sin provisiones para seguir. Y tus seres queridos no se van por un tiempo, se mueren, por lo que no tienes ni idea si volverás a verlo. Los echarás tanto de menos y llorarás hasta quedarte sin lágrimas por ellos mientras no paran de repetirte que la vida es así, como si te importara eso realmente. Y morirá gente a tu alrededor, sufrirán enfermedades y habrá desapariciones, haciendo que lo tengas tan en cuenta y estés tan concienciado que vivas con el miedo a que mañana te pase a ti.
De todas formas y a sabiendas de todo esto, sé que siempre me tendre a mí misma, y con eso me basta. Si no me abandono yo, nada puede ir exageradamente mal, y además, no puedo vivir con miedo a sufrir, porque sufriré de todas formas, así que sólo me queda una escapatoria: disfrutar al máximo de los momentos de mi vida.
Paisajes tan hermosos que te hacen dudar de su existencia, sacando todo lo malo de ti, haciéndote sentir bien.

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